Mientras las musas me inspiren, cuando las sombras sean más largas y oscuras.

Que paren el mundo que yo me bajo


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El doctor Ne, miraba las pupilas dilatadas de su paciente Mun. En una silla cercana a la puerta de la consulta Ció esperaba su turno.
-Mmmm, no me parece fuera de lo normal, si se tiene en cuenta lo extravagante de la situación- comentó el doctor.
-¡No me diga usted sandeces, es que no se da cuenta de nada, hombre!- replicó Mun, notablemente molesto.
-Lo ve, usted mismo se delata, no me negará que está excitado y por consiguiente, las pupilas dilatadas son un síntoma sino identificativo, consecuente de su propia excitación.
El sr. Mun se puso a caminar en circulo por la pequeña consulta. Como el sr. Ció, que esperaba pacientemente en su incomoda silla de plástico, tenía las piernas estiradas, Mun tuvo que  alzar las piernas para superar el obstáculo, como si únicamente se tratara de una parte más del mobiliario. Ció, ni se movió.
-Bueno, entonces su diagnóstico se basa en su capacidad nula de observación, y en sus escasos conocimientos de medicina básica que aprendió en un curso por correspondencia- decía sin dejar de caminar.
-Efectivamente, si. Tengo un diploma que acredita mi capacidad de análisis diagnóstico por la universidad a distancia del periódico Today ¿No lo compra usted? Es un periódico de mucho prestigio. Yo normalmente lo robo de la máquina de la esquina. Verá, ato una cuerdecita a la moneda, la meto en la ranura, recojo mi periódico y extraigo la moneda estirando de la cuerdecita. Así de simple.
-Ya veo, doctor. Para usted es todo muy sencillo, pero ¿y si un día la cuerdecita se rompe y pierde usted la moneda, la cuerda, el periódico y su dignidad?- la cara del doctor se desencajó- ¿aha! Eso no lo había calculado ¿cierto?
-¡Dios santo! ¿Cómo no me he dado cuenta hasta ahora? Menos mal que usted es un hombre que medita las cosas, se nota en sus ojos que sabe lo que dice.
-Sí, exactamente. Por cierto... me estaba usted diagnosticando una afección de conjuntivitis crónica provocada por una inflamación escrotal, debido a mi excitación ¿no es así?
-No diga usted sandeces, sabe perfectamente a qué tipo de excitación me refería. Fuera de la consulta, hace más calor que en la calle. En consecuencia, la diferencia de presión atmosférica entre la consulta y el interior incide directamente en su sistema de presión interna y propicia el estrés- en ése momento se percató Ne, de la presencia de Ció, que estaba desparramado en la silla de plástico, con las piernas estiradas, en una postura sumamente incómoda- por cierto ¿sabe usted qué está esperando este señor?
-Ni idea-dijo volviéndose hacia Ció- Disculpe, caballero- dijo amablemente- ¿Necesita usted alguna cosa?
-Mi nombre es Ció, encantado de conocerle ¿está usted asegurado?-dijo mientras se incorporaba y se plantaba delante de él, a pocos centímetros de su cara mientras le tendía la mano. Sin dejarle tiempo de contestar siguió con su discurso- ¿tiene usted seguro del hogar, bebe, tiene problemas de memoria, multas de aparcamiento, almorranas, juanetes, depresión o presión, necesita un diagnóstico médico? No se preocupe...- rebuscó algo en el interior de su americana y le ofreció una tarjeta ajada y amarillenta- llámeme cuando lo necesite.
Mun cogió la tarjeta y se la quedó mirando fijamente. En ese momento, el dr. Ne inició su maniobra táctica. Caminó como distraído por la estancia, como mirando al rededor sin un objetivo definido mientras se aproximaba a Mun. Con un movimiento rápido le arrebató la tarjeta de la mano. Mun ni se inmutó, se quedó en la misma postura como si todavía estuviese allí la tarjeta.
Ció miró con odio intenso al dr. Ne. Éste, rompió la tarjeta en pedacitos minúsculos tirándolos como si fueran confeti. Sus miradas se cruzaron en el aire. La guerra fría; ya se sabe: el que aparta la vista antes, pierde.
-¡Pero cómo se atreve usted a meter las narices en sus asuntos! Apártese del medio ¿no ve que hay espacio libre para pasar?- dijo el dr. Ne rabioso.
-Sabe perfectamente, que es ilegal no tener seguro, supone un peligro para la integridad mental de las personas físicas, usted debería saber este tipo de cosas- replicó Ció.
-No me venga con esas, la ilegalidad es totalmente ilegal
-Qué sabrá usted, se le nota que va estreñido. Si no hubiese roto mi tarjeta ahora mismo le estaría visitando y le estaría haciendo una receta con la cual desahogarse sin tener que pagarlo con los demás.
-¡Es usted un absoluto ser humano de la cabeza a los pies!- dijo Ne acusándole con el dedo.
-¡Cómo se atreve a decirme semejantes palabras!
Mun, que había estado todo el rato en la misma postura, pareció despertar del letargo. Miró al rededor y de repente gritó:
-Ne Ció ¡Fuera de mi consulta! Que paren el mundo que yo me bajo.
En ese instante apareció el doctor Kraepelin por la puerta, con su excéntrico bigote y su bata blanca impecable.
-Chicos, ya está bien de juegos. Salgan de mi despacho y acompáñenme a la sala de consulta para la sesión en grupo. Y no olviden tomar su medicación ¿de acuerdo?




 


1 comentario:

  1. Yo prefiero saltar en marcha. Me encantan las ilustraciones, muy bien encontradas.
    un beso:
    Vicens Jordana.
    www.vicensjordana,net

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